La revista para la sostenibilidad urbana y el cambio global

Transitando

La prestación local de los servicios ambientales

En esta entrada contamos con la colaboración de la Prof. Dra. Carmen Navarro, del Instituto de Derecho Local de la Universidad Autónoma de Madrid (idl-UAM). En ella nos presenta parte de los resultados del II Informe de Políticas Públicas Locales en el que Transitando ha colaborado. Se describen la prestación de servicios ambientales -recogida de residuos, limpieza viaria y mantenimiento de parques y jardines- por parte de los grandes municipios madrileños.

La prestación local de los servicios ambientales

Dentro de unos días se presentará el II Informe de Políticas Públicas Locales en Ayuntamientos de la Comunidad de Madrid -continuación del realizado el pasado año- elaborado en el Instituto de Derecho Local en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid.

Surgido con el afán de recopilar y analizar información sistemática sobre la planificación y el desarrollo de determinados sectores de gestión local a lo largo del tiempo, la presente edición del Informe presta especial atención a la política de medio ambiente en sentido amplio, que incluye no solo el cuidado de parques y jardines o la educación ambiental, sino también la gestión de residuos, la limpieza viaria o la movilidad. Así considerada, la política ambiental es una de las acciones nucleares de la gestión local, no solo por su impacto en la calidad de vida de los ciudadanos sino también por su relevancia en los presupuestos municipales.

El estudio analiza diferentes aspectos de las políticas ambientales en trece municipios de mayor población de la Comunidad de Madrid, desde la priorización de los distintos temas ambientales en sus agendas, hasta la estructura organizativa, pasando por el estudio de las estrategias y acciones municipales específicas o las distintas formas de gestión con las que los ayuntamientos prestan los principales servicios en este sector.

Precisamente referido a este último aspecto, los ayuntamientos presentan una interesante diversidad. En la siguiente gráfica se muestran las formas de prestación de los servicios de limpieza viaria, recogida de residuos y mantenimiento de parques y jardines, distinguiendo entre el desarrollo mediante un contrato con empresa privada, con personal propio o por medio de una empresa pública municipal. Se añade una categoría “mixta” dado que en algunos casos la prestación se lleva a cabo en distintas modalidades para diferentes zonas del municipio o para distintos aspectos del servicio.

Gráfico 1: Prestación de servicios públicos nucleares de la política municipal de medio ambiente.

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Elaboración propia a partir de los datos del cuestionario aplicado a responsables municipales de las políticas de medio ambiente.

A modo general, hay que destacar el predominio de la gestión externalizada en las tres áreas presentadas, siendo minoritarios los casos de gestión enteramente municipal por medio de personal propio o empresa pública municipal.

En relación a la limpieza viaria se muestra cómo se encuentra altamente externalizada: en siete de los trece municipios estudiados se gestiona por empresa privada, en otros tres por parte de una empresa pública municipal y en los restantes tres municipios parte del servicio se presta con personal propio y parte es gestionado por empresa privada o pública municipal. El mantenimiento de parques y jardines refleja una mayor diversidad de formas de gestión ya que en ocho ocasiones es mixto, entre personal propio y empresa privada. En este sector se ha detectado una tendencia a la externalización del servicio, siendo cada vez mayor el porcentaje de área de zona verde gestionado por empresas externas que el mantenido por personal propio del Ayuntamiento. En general, en los municipios estudiados con gestión con personal propio, ésta supone menos del 25% de la superficie total de parques y jardines, excepto en un solo caso, en el que todas las zonas verdes son gestionadas por personal propio municipal. Por otro lado, tres ayuntamientos gestionan la totalidad de las zonas verdes con empresa privada y otro lo hace por medio de una empresa pública municipal. La situación sobre la recogida de residuos es parecida a la de la limpieza viaria, pues en ocasiones forman parte del mismo servicio subcontratado. Así, es poco frecuente la prestación del servicio con medios propios: solo dos con personal del ayuntamiento y tres con empresas municipales. En dos casos la recogida es mixta entre personal propio y empresas externas. Los restantes seis municipios la realizan con empresas externas. Hasta aquí el mapa de situación.

Además de la fotografía fija que se captura a través del gráfico, hay que dejar constancia de algunas tendencias de cambio detectadas y de sus efectos. La crisis ha provocado transformaciones en la prestación dirigidas a alcanzar una mayor eficiencia intentando no ceder en la calidad. Los ayuntamientos han explorado diversas estrategias para el ahorro, siendo una de ellas la concentración de contratos, bien por zonas geográficas que antes eran gestionadas por separado, bien por la unión de varios servicios en un solo contrato, normalmente limpieza viaria y recogida de residuos. Igualmente se observan cambios en las condiciones de la contratación externa, pasando de centrarse únicamente en parámetros de gestión a hacerlo también en índices de calidad del servicio. Estas transformaciones generan nuevos escenarios que han de ser estudiados. Por ejemplo, si se incide en la fórmula de la medición de calidad se producirá un aumento de exigencia en el desempeño municipal para acometer adecuadamente las tareas de la medición y evaluación de los servicios. Todo ello en un contexto de poca cultura de la evaluación que, al tratarse de servicios ambientales, habrá que orientar no sólo a la dimensión administrativa del servicio, vigilando las condiciones del contrato en el caso de gestión por empresa privada, sino también a los efectos que sobre el medio está teniendo su ejecución. En este sentido, la incipiente utilización de la evaluación de los servicios ecosistémicos en la orientación del diseño de las políticas ambientales ofrece una oportunidad para la mejor implementación de estas políticas.

Entrada publicada originalmente en el blog del Instituto de Derecho Local de la Universidad Autónoma de Madrid el pasado 9 de febrero de 2017.

Movimiento de Transición: ciudades resilientes en una era post-petróleo

En diferentes entradas de este blog hemos hablado del concepto de resiliencia. Qué es, qué significa, qué factores la promueven… Hoy nos centramos en el caso práctico y como el Movimiento de Transición aglutina iniciativas ciudadanas por todo el globo para construir resiliencia en una era post-petróleo.

Transition town totnes

Ciudades, pueblos, islas, universidades, barrios… en transición. Iniciativas lideradas por las propias comunidades, por la propia ciudadanía, con el objetivo de transformar las comunidades, los entornos, y hacerlos más resilientes. Todas ellas se enmarcan dentro de lo que conocemos como el Movimiento de Transición.

Este movimiento comenzó de la mano de Rob Hopkins en 2006 con la aparición de Transition Town Totnes. Desde entonces, las iniciativas se han multiplicado por todo el mundo, especialmente en los países anglosajones. Aunque en los últimos años el mensaje ha ido calando poco a poco en nuestro país y han aparecido diversas iniciativas vinculadas a este movimiento. Hopkins, en su libro The Transition Handbook: from oil dependency to local resilience, explica cómo nuestros entornos urbanos son muy poco resilientes ante dos de los grandes retos a los que nos estamos enfrentando: el pico del petróleo y el cambio climático.

Nuestras sociedades son altamente dependientes de los combustibles fósiles, en especial del petróleo. Tanto para desplazarnos y producir energía, como para fabricar y transportar los bienes que consumimos, requerimos de esta materia prima. Pero los combustibles fósiles son recursos no renovables, y mucho antes de que se agoten, sufriremos los impactos de lo que se denomina el pico o cénit del petróleo, por ser el recurso más utilizado, pero también se habla del pico del carbón o del gas. El pico del petróleo es el momento en el que la extracción de este combustible llega a su punto máximo y empieza a descender, siendo cada vez más cara su producción, incrementándose los precios y aumentando la población sin acceso a este recurso. Esto no solo supone que tengamos que dejar el coche aparcado o la calefacción apagada, sino que en una ciudad, altamente dependiente del exterior, sufriríamos enormemente las consecuencias en aspectos tan básicos como la alimentación, ya que el modelo agrícola imperante necesita este recurso tanto para la fabricación de fitosanitarios, como para el combustible de la maquinaria agrícola y del transporte desde su lugar de origen hasta su lugar de venta.

Por otra parte, los impactos del cambio climático cada vez son más y mayores: inundaciones, sequías, huracanes, temperaturas extremas... Es necesario disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero para evitar que el cambio climático se agrave, pero también crear la capacidad para reaccionar adecuadamente y adaptarse a los cambios futuros. Los entornos urbanos se enfrentan a grandes desafíos y sólo haciéndolos más resilientes podrán afrontarlos con éxito.

Para construir entornos urbanos más resilientes el Movimiento de Transición hace hincapié en el empoderamiento de la ciudadanía y su capacidad de transformación, y en la relocalización de los flujos metabólicos y relacionales. Si se hace partícipe a la ciudadanía, ésta será capaz de reconocer los problemas que les afectan y desarrollar soluciones al respecto, se incrementa su capacidad de reacción, aprendizaje y adaptación. Si producimos y consumimos productos cercanos al lugar en el que vivimos disminuimos el consumo energético y nuestra dependencia de ecosistemas lejanos y de los combustibles fósiles. En definitiva, incrementamos la resiliencia del ecosistema urbano.

La propia ciudadanía pone en marcha estas iniciativas, aunque buscando siempre alianzas con las instituciones locales. Plantean que el cambio empieza en las mismas personas que habitan esa ciudad. Para construir ciudades más resilientes es necesario fortalecer el sentimiento de comunidad. Aumentar la diversidad de recursos, de empresas, de personas, de usos del suelo, es decir, aumentar la diversidad de respuesta ante los cambios. Y, sobre todo, relocalizar el sistema, fomentando la autosuficiencia y el autoabastecimiento de la ciudad. Para ello inciden en temas como la movilidad, la producción de alimentos, la eficiencia y ahorro energético o la economía local entre otros.

En todo el mundo son cientos las iniciativas que han surgido bajo esta denominación. En España, existe la Red de Transición que lleva a cabo eventos, cursos y proyectos de investigación para promover el movimiento en nuestro país. Aunque es difícil contabilizar el número de iniciativas que han surgido en nuestro territorio, podemos citar algunos ejemplos en Cataluña (Cardedeu, Vilanova i la Geltrú, Argelaguer), Sevilla (La Puebla de los Infantes), Valladolid (Portillo) y Madrid (Zarzalejo, Móstoles o la reciente Arganzuela en Transición, que celebraba su acto de presentación hace unas semanas). A todas ellas hay que sumarles las numerosas transformaciones urbanas que hay a lo largo y ancho del territorio español que sin saberlo e, incluso, sin conocer el Movimiento de Transición, están aplicando sus mismos principios. Huertos urbanos, grupos de consumo, bancos de tiempo, monedas locales, mercados sociales, cooperativas... Todos ellos apuestan por la creación de comunidad, la producción y consumo local de alimentos, la economía local y social y el aprendizaje colectivo, construyendo poco a poco sociedades y ciudades más resilientes.

Si queréis saber más sobre el Movimiento de Transición os invitamos a asistir el 1 de diciembre a las jornadas que organiza el Colegio de Ambientólogos de Andalucía (COAMBA) en Sevilla.

Innovación y cohesión social: la ciudadanía y su papel en la resiliencia urbana

En nuestra última entrada del 4 de octubre explicábamos cómo la innovación social es un factor clave en la transformación del espacio urbano. Además, junto con la cohesión (o capital) social es también un factor clave en la construcción de resiliencia urbana. En esta entrada escribimos acerca del importante papel de la ciudadanía en la construcción de resiliencia.

Innovación y cohesión social: la ciudadanía y su papel en la resiliencia urbana

La palabra resiliencia se utiliza cada vez más en los discursos relacionados con la sostenibilidad, llegando incluso a sustituir esta última en muchas ocasiones. Dependiendo del contexto, de quien esté haciendo uso de ella y con qué fin, podemos encontrar diversas acepciones del término: desde la visión más ingenieril que presupone que un ecosistema puede volver a un estado anterior (sin preocuparse de si ese estado anterior es el deseable) después de, por ejemplo, una inundación, un huracán o un terremoto; hasta los planteamientos más actuales que defienden que la resiliencia es una propiedad de los sistemas socio-ecológicos en constante evolución, puesto que los sistemas complejos, como los entornos urbanos, se encuentran en una situación de cambio constante y de búsqueda de sostenibilidad, no existiendo un estado de equilibrio deseable al que poder volver o avanzar.

Esta última acepción de la palabra resiliencia es la que hemos adoptado siempre en nuestro discurso. Las ciudades, los entornos urbanos, se encuentran en una situación de constante evolución, y para que esta evolución se traduzca en una mejora de la calidad de vida de sus habitantes y en un incremento de la sostenibilidad socio-ambiental que se mantengan en el tiempo (aunque el modo en que se sostengan pueda seguir evolucionando), es necesario que sean resilientes.

Como explicábamos en entradas anteriores, una ciudad resiliente es aquella que es diversa y que busca la autosuficiencia a través de un equilibrio con el territorio circundante. Pero la resiliencia urbana, puesto que reside en la capacidad de la ciudad y, por ende, de la ciudadanía, de auto-organización y aprendizaje para adaptarse a los cambios, tiene también mucho que ver con la innovación y la cohesión social (también denominada por muchos autores capital social). Ambas constituyen los dos últimos factores que promueven la resiliencia urbana.

La resiliencia consiste en adaptarse a los cambios. Continuos o discontinuos. Esperados o inesperados. La ciudadanía tiene que crear nuevas formas de actuar, de funcionar, tiene que innovar para adaptarse a estos cambios. Los espacios de participación ciudadana (formales o informales), el intercambio de información entre diferentes organizaciones y organismos (incluyendo las administraciones públicas), favorecen el aprendizaje, la creación de soluciones conjuntas y la innovación. Pero para que se dé esta innovación social, la ciudadanía debe estar cohesionada, organizada, deben existir redes sociales (y no nos referimos a las digitales), espacios de encuentro y herramientas que favorezcan la cohesión social.

Innovación y cohesión social las encontramos en muchas iniciativas ciudadanas de recuperación del espacio público. Por un lado, son iniciativas innovadoras, que responden a necesidades ciudadanas y que plantean alternativas al modelo urbanístico impuesto por el capitalismo neoliberal que trata al entramado urbanístico, a sus edificios y a sus plazas, como mera mercancía que se compra y se vende. Por otro lado, estos espacios recuperados para la ciudadanía, constituyen espacios de encuentro que favorecen la cohesión social. No sólo gracias al espacio físico en sí, sino a los proyectos autogestionados por el propio vecindario, que van desde huertos comunitarios hasta espacios culturales de muy diversa índole, que incrementan la apropiación y legitimación de las iniciativas y el sentido de pertenencia de los vecinos y vecinas a una comunidad.

Promover la participación ciudadana en la transformación del espacio urbano es clave, por tanto, para promover la resiliencia urbana. Para ello, tal como proponíamos desde el grupo de reflexión sobre participación ciudadana del Foro de las Ciudades, es necesario promover procesos y espacios participativos que respondan a realidades locales, pero que a su vez conecten con problemáticas de escala global, abordando las transformaciones urbanas desde una perspectiva socio-ecológica. Pero también hay que fortalecer los movimientos sociales y vecinales ya existentes que puedan servir de motor para nuevas iniciativas y grupos de acción; crear vías de intercambio entre iniciativas que puedan favorecer la creación de redes; fomentar la comunicación entre la ciudadanía y las administraciones locales; y, en general, favorecer la transversalidad, la diversidad y la versatilidad de las iniciativas.

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