La revista para la sostenibilidad urbana y el cambio global

Transitando

La formación de los actores locales y los ODS

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas son las metas con el horizonte temporal de 2030 para erradicar la pobreza a la vez que potenciar los derechos sociales y la protección del medio ambiente. En esta entrada os contamos cómo desde Transitando facilitamos su difusión y consecución.

La formación de los actores locales y los ODS

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible fueron aprobados en septiembre de 2015 por todos los países miembros de las Naciones Unidas y entraron en vigor oficialmente el 1 de enero de 2016. Los ODS suponen la continuación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), y tratan de ir más allá, al considerar que acabar con la pobreza en todas sus formas debe ir de la mano de los derechos sociales (salud, educación, empleo…) y la protección del medio ambiente. Añaden, como novedad, su aplicación universal para todos los países, mientras que los ODM únicamente estaban dirigidos a los países en desarrollo. En este sentido, la Sustainable Development Solutions Network está trabajando para evaluar la consecución de los ODS por parte de todos los países, habiendo publicado recientemente un informe con los resultados de un índice de evaluación de los ODS.

En esta entrada, a tenor de la temática de este blog, queremos centrarnos en los objetivos 4, “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”, y 11, “lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles”. Ambos directamente relacionados con el objetivo principal de Transitando, aunar ecología y educación para transitar hacia ciudades más sostenibles, a través de un trabajo de transferencia de la ciencia a la sociedad.

Las ciudades son un entramado de procesos ecológicos y sociales completamente interrelacionados, socio-ecosistemas depredadores de recursos dependientes de otros ecosistemas. Son claves, por tanto, para la consecución de los ODS, especialmente del objetivo 11. Estudiar y comprender el funcionamiento ecológico de las ciudades y cuáles son los flujos de servicios ecosistémicos en los entornos urbanos es un primer paso necesario para elaborar estrategias hacia la resiliencia socio-ecológica y la sostenibilidad urbana. A este respecto, aun siendo campos de investigación y acción recientes, se han realizado avances en la evaluación de los servicios de los ecosistemas urbanos y la resiliencia; sin embargo, la aplicación de este marco en la planificación urbana y el diseño y ejecución de políticas locales es un desafío que las entidades locales, los responsables políticos, técnicos y profesionales que trabajan en el ámbito urbano deben acometer.

Para acercar la ciencia a la sociedad y a los tomadores de decisiones, cobra especial relevancia la meta 4.7 del ODS 4: “asegurar que todos los alumnos adquieran los conocimientos teóricos y prácticos necesarios para promover el desarrollo sostenible, entre otras cosas mediante la educación para el desarrollo sostenible y los estilos de vida sostenibles, los derechos humanos, la igualdad de género, la promoción de una cultura de paz y no violencia, la ciudadanía mundial y la valoración de la diversidad cultural y la contribución de la cultura al desarrollo sostenible”. A este respecto, uno de los pilares centrales de la actividad de Transitando es el diseño y desarrollo de acciones formativas que transmitan el marco teórico y metodológico, así como las herramientas necesarias, para hacer que nuestros entornos urbanos sean más sostenibles y resilientes.

Entre 2007 y 2015 diseñamos y coordinamos el “Plan de Formación de la Estrategia Española de Sostenibilidad Urbana y Local” desarrollado conjuntamente por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona y la Universidad Autónoma de Madrid, llegando a realizar una quincena de cursos dirigidos a formar y capacitar a responsables políticos y técnicos de administraciones locales para gestionar los entornos urbanos desde una perspectiva socio-ecológica. En 2015, con el objetivo de integrar en mayor profundidad el marco socio-ecológico en la transformación urbana diseñamos el curso “La transformación socio-ecológica de los entornos urbanos”, del cual se han impartido ya dos ediciones. En total, por estos cursos han pasado más de 450 alumnos y alumnas de toda España y de países latinoamericanos, la mayoría de ellos arquitectos y técnicos de administraciones públicas.

Nuestro reto futuro es desarrollar nuevas actividades formativas y educativas desde un enfoque ecosistémico dirigidas a todos los actores sociales que intervienen en las transformaciones urbanas: responsables políticos, técnicos municipales, profesionales y ciudadanía que faciliten la consecución del ODS 11, en particular, y del resto, en general. En ello estamos trabajando y esperamos que pronto podáis disfrutar de nuevos cursos con nuevos formatos y nuevas temáticas: transición agroecológica, herramientas participativas, educación ambiental urbana, turismo urbano sostenible, evaluación de los servicios de los ecosistemas… Esperamos contaros novedades en breve. ¡Feliz verano!

Servicios de los ecosistemas urbanos: el caso de Madrid

En esta entrada resumimos los resultados de la evaluación de los servicios de los ecosistemas urbanos en el municipio de Madrid y cómo este enfoque de análisis puede servir para hacer políticas locales más sostenibles.

Servicios de los ecosistemas urbanos: el caso de Madrid

El ser humano depende de los servicios que proveen los ecosistemas para su bienestar. Siendo las ciudades su principal hábitat, las políticas locales cobran gran importancia a la hora de mejorar la capacidad de los ecosistemas urbanos para proveer los servicios que la ciudadanía necesita.

Desde Transitando apostamos por la aplicación del marco de la ecología urbana y la evaluación de los servicios de los ecosistemas en el diseño y evaluación de las políticas públicas, en especial, las locales. Entendemos que las políticas locales determinan en buena medida la situación de los impulsores directos de cambio (contaminación, cambio climático, cambios de usos del suelo, eliminación y/o introducción de especies y consumo de recursos) que afectan a la capacidad del ecosistema urbano de proveer servicios. Por ejemplo, un plan general de ordenación urbana determina los usos del suelo, pero también un plan rector de uso y gestión de un espacio natural protegido o la construcción de infraestructuras de transporte.

Recientemente hemos realizado el ”Estudio sobre el impacto ambiental de las políticas municipales del Ayuntamiento de Madrid en el periodo 2003-2015” en el que analizamos cómo las políticas municipales puestas en marcha en ese periodo han afectado a los servicios de los ecosistemas por medio del estudio de la evolución de los impulsores directos de cambio en el municipio de Madrid. La investigación revela que las políticas del periodo evaluado no se han dirigido a mejorar la capacidad del ecosistema urbano de proveer servicios. Es más, en algunos casos han ido en el sentido contrario. Así, nos encontramos con que impulsores como el consumo de recursos y la contaminación fueron en aumento hasta 2007-2008, momento en el cual comienzan a tener una evolución descendente hasta 2013, donde se observa un repunte. Esta tendencia puede explicarse por la disminución de la capacidad de consumo de la ciudadanía madrileña como consecuencia de la crisis económica y un indicio de recuperación en los últimos años. Se puede entender así que la coyuntura económica influye de una manera más determinante que las políticas municipales.

Los usos del suelo es considerado como el impulsor directo de cambio más importante dentro del ecosistema urbano por influir directamente en el resto de impulsores directos. En el estudio realizado en Madrid se muestra su evolución negativa, en esta ocasión derivada de las políticas urbanísticas llevadas a cabo por el Ayuntamiento. La expansión urbana de Madrid, por medio principalmente de la construcción de nuevos desarrollos urbanísticos dentro de los Programas de Activación Urbanística (PAUs), ha provocado la desaparición de terrenos no urbanizados con importantes funciones ecológicas para la provisión de servicios ecosistémicos. Esta transformación urbana, sumada al soterramiento de la carretera de circunvalación Calle 30, ha fortalecido el modelo de movilidad de la ciudad basado en los desplazamientos en vehículo privado motorizado, principal responsable de los graves episodios de contaminación atmosférica que sufre la ciudad así como incrementando el consumo energético procedente de combustibles fósiles.

Los servicios de regulación como la regulación de la calidad del aire o del clima global a través del secuestro de carbono, también se han visto afectados negativamente por las políticas municipales estudiadas, no precisamente encaminadas a mejorar la capacidad del ecosistema urbano para proveer estos servicios. Por otro lado, la ciudad de Madrid es un ecosistema enormemente dependiente de otros ecosistemas para el abastecimiento de alimentos, agua, materiales, y la necesidad de servicios de regulación como los anteriormente mencionados sobrepasa con creces su capacidad de suministro. Únicamente los servicios culturales, con actuaciones como la creación del parque Madrid Río, se han visto mejorados, incrementando en gran número la población con acceso a zonas verdes de calidad.

Estos son algunos de los resultados más relevantes del estudio, que fueron recogidos en el Informe preliminar de casos de impacto negativo que compendia los cuatros estudios realizados para el Ayuntamiento de Madrid sobre el impacto de género, social, económico y, el que hemos presentado, medioambiental de las políticas municipales de 2003-2015. El enfoque utilizado en el estudio sobre el impacto medioambiental puede aplicarse para el diseño de políticas o para la toma de decisiones sobre determinadas actuaciones. En él entendemos el impacto ambiental de una determinada política como la afección producida a la capacidad del ecosistema urbano de la ciudad de proveer los servicios ecosistémicos necesarios para el bienestar de la ciudadanía. Por tanto, orienta la acción al objetivo de maximizar la provisión de servicios ecosistémicos por parte del propio ecosistema urbano y reducir la necesidad de determinados servicios, como la regulación de la calidad del aire a través de la reducción de gases contaminantes. Nunca será posible una completa autonomía del mismo, pero, al menos, sí se puede reducir la dependencia de -y el impacto en- otros ecosistemas. Por ejemplo, la gestión de zonas verdes no debe basarse únicamente en el mantenimiento de un verde urbano para que los urbanitas puedan desarrollar actividades recreativas. Su estructura y funcionamiento puede ayudar a mejorar la regulación de la temperatura, disminuyendo el impacto de la isla de calor, pero también atemperando el ruido de una infraestructura viaria. En definitiva, se trata de cambiar el enfoque de la gestión de parques y jardines al de la gestión de una infraestructura verde, aquella que posibilita la provisión de servicios ecosistémicos. Este cambio de orientación en el diseño de las políticas locales hará aumentar su eficacia tanto en la mejora de la calidad de vida de la ciudadanía como en el estado ambiental del entorno.

Esta entrada es un extracto modificado del artículo “Hacia políticas locales ambientales más eficaces. La evaluación de los servicios de los ecosistemas urbanos. El caso de Madrid” escrito por Transitando y publicado en el número 32 de la revista en papel de Ciudad Sostenible.

Ciudadanía, tecnología y ciudades más sostenibles

Las “smart cities” persiguen mejorar los entornos urbanos para que sean más habitables y sostenibles a través de la implantación a gran escala de las tecnologías de la información y la comunicación. En esta entrada reflexionamos acerca de la adecuación y aplicación de este concepto a la problemática socio-ambiental de nuestras ciudades e incorporamos el concepto de “smart citizens” para señalar la importancia de la implicación ciudadana en las transformaciones urbanas.

Ciudadanía, tecnología y ciudades más sostenibles

Ante la problemática socio-ambiental de los entornos urbanos surgen diferentes modelos e ideales para transformar nuestras ciudades en lugares más habitables y sostenibles. Una de las etiquetas que ha ganado una gran popularidad en los últimos años, y que se relaciona a menudo con la sostenibilidad urbana, es la de smart cities (ciudades inteligentes). En este marco numerosos municipios de todo el mundo desarrollan estrategias en las que las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) son las protagonistas, con el fin de mejorar la calidad de vida de sus habitantes y la eficiencia en el consumo de recursos de la ciudad. Sin embargo, es un concepto para el que no existe una definición clara y concisa, existiendo diversas aplicaciones, interpretaciones y visiones del mismo.

A diferencia de otros conceptos relacionados con el mundo urbano, el de smart cities no ha sido un concepto académico que progresivamente haya trascendido a la gestión política y que, posteriormente, haya llamado la atención de agentes económicos, sino que ha sido el sector económico, a manos de unas cuantas empresas multinacionales, las que han popularizado el concepto. Así, bajo este paraguas se esconden intereses económicos que poco tienen que ver con las necesidades reales de la ciudadanía, llegando incluso a despolitizar los problemas socio-ambientales convirtiéndolos en problemas que pueden solventarse únicamente con soluciones tecnológicas.

Algunos autores han analizado tanto lo que significa el concepto de smart city para la ciudadanía como su papel en el desarrollo de la smart city. Todos ellos ponen de relieve la desconexión de la smart city con la ciudadanía. […] Es un término oscuro, distante y abstracto, con el que los ciudadanos no están familiarizados. Un modelo que da protagonismo a la tecnología y relega a la ciudadanía a un segundo plano en la solución de los problemas socio-ambientales de los entornos urbanos. El ciudadano pasa a ser de un sujeto activo en el funcionamiento y desarrollo de la ciudad a mero receptor de los beneficios de las TIC.

La smart city pretende ser un término que una desarrollo económico y sostenibilidad socio-ambiental a través de la tecnología. Sin embargo, mientras el foco siga puesto en esta última y no en la ciudadanía, corremos el riesgo de convertir los entornos urbanos en espacios altamente tecnificados que no respondan a las necesidades ciudadanas.

Cada vez son más las voces que se alzan alarmando del peligro que las smart cities, bajo su discurso dominador en el que el foco está puesto en la tecnología y no en la ciudadanía, suponen para la sostenibilidad socio-ambiental de los entornos urbanos. Desde diferentes perspectivas, aclaman que una ciudad no puede ser inteligente sin la inteligencia de su ciudadanía, introduciendo el término smart citizens (ciudadanos inteligentes) para remarcar la importancia del papel que juegan las personas en el desarrollo de la ciudad.

Una visión tecnificada de este protagonismo ciudadano en la smart city parte de la premisa de que la tecnología, para que sirva al fin para la que fue creada, debe ser utilizada, de forma intencionada o no, por la ciudadanía. Ciudadanos que se conectan y comunican con otras personas a través de su teléfono móvil, tablet, ordenador, etc., o que sirven como sensores que recolectan información a través de sus dispositivos móviles y que es recogida y almacenada por gobiernos y empresas para sus propios fines. Aunque esta concepción de los smart citizens pone de relieve la importancia de la ciudadanía en el desarrollo de las smart cities, sigue relegándolo a un segundo plano, considerando a los ciudadanos y ciudadanas meros usuarios-consumidores de las TIC.

Una segunda perspectiva del concepto de smart citizens considera la participación de la ciudadanía en el diseño, desarrollo e implementación de soluciones a los problemas socio-ambientales de la ciudad. Devuelve el protagonismo a los ciudadanos y ciudadanas frente a la tecnología, considerando que aquellas actuaciones diseñadas entre todos los actores afectados legitiman dichas actuaciones, responden a las necesidades ciudadanas y, por tanto, acaban siendo más duraderas en el tiempo.

Si trasladamos este concepto de la esfera más puramente institucional, en la que los procesos participativos se ponen en marcha cuando la administración competente así lo desea, a la esfera de la participación ciudadana surgida de los movimientos sociales, podemos identificar a los smart citizens con ciudadanos comprometidos, implicados y activos que trabajan conjuntamente en la construcción de soluciones ante la problemática socio-ambiental de su entorno más próximo. Así, el concepto de smart citizens se identifica con la inteligencia colectiva, surgida a través del intercambio de información de la ciudadanía y el trabajo en red en un espacio determinado. Este espacio puede ser digital, pero también físico, siendo la conjunción de ambos la que ayuda mayormente a fortalecer dicha inteligencia.

Esta entrada es un extracto del artículo “De las smart cities a los smart citizens. La ciudadanía frente a la tecnología en la construcción de resiliencia urbana” escrito por Marta Suárez para “URBS. Revista de Estudios Urbanos y Ciencias Sociales” y publicado el 2 de noviembre de 2016.

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